ABBEY LINCOLN “ABBEY SINGS ABBEY”

abbeyAbbey Lincoln

Abbey Sings Abbey

2007. Verve.

Jazz Vocal/Torch Songs/Country-Jazz

Los autodenominados talent shows (donde el talento suele brillar por su ausencia) nos han acostumbrado tristemente a la práctica de cierta variante de atletismo vocal. Cantar se convierte ya no en un ejercicio de estilo, sino en una exhibición de agudos rompecristales, campanillas enrojecidas al aire, y gestos desgañitados en primer plano, en una agotadora competición por ver quién la tiene más alta (la voz, claro está). Ante este panorama, ¿qué puede ofrecer un disco firmado por una mujer de setenta y siete años, con una voz ya frágil, casi quebradiza, que parece luchar por sortear con inteligencia los momentos más complicados de una serie de partituras que ella misma escribió tiempo atrás? Pues en realidad mucho más de lo que podrán encontrar en buena parte del contemporáneo griterío al que dos frases atrás hacíamos alusión.

aBBEY 1

Abbey despidiéndose a lo grande

La gran Abbey Lincoln se caracterizó desde sus inicios, incluso en las épocas de mayor plenitud vocal, por primar siempre la emoción por encima de la exhibición. Su forma de metabolizar una canción recuerda, como a menudo se ha señalado, la de su admirada Billie Holliday; su fraseo entronca con la del predicador negro o el bluesman melancólico que desgrana una letanía con una guitarra de palo. Pero Lincoln fue mucho más que una de las grandes divas vocales de la Era del Jazz, capaz de hacer suya cualquier canción que se le pusiera por delante. Era también –como confirma este maravilloso disco– una excelente compositora (además de actriz, poetisa y activista política) de música melancólica y sutil, alérgica a cualquier forma de énfasis.

Apenas tres años antes de fallecer, grabó este espléndido disco de despedida, en el que repasaba su cancionero con una voz quizá más apagada que antaño, pero más henchida de emoción, si cabe, que nunca, que por momentos recuerda a otro genio de la fragilidad vocal como Jimmy Scott. Con la complicidad de una impecable banda de acompañamiento, que teje mimbres musicales con ecos de blues, country, calypso y klezmer, Lincoln borda arrebatadores canciones al ralentí como Blue Monk o desmayadas baladas como Should’ve Been, que aquí suenan más elegíacas que nunca. No todo el mundo puede decir adiós de forma tan majestuosa y al tiempo tan discreta, con este modesto pero emocionante disco que nos recuerda en qué consiste en realidad eso de cantar.

Enric Ros

Anuncios