SOPWITH CAMEL “THE MIRACULOUS HUMP RETURNS FROM THE MOON”

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The Miraculous Hump Returns From The Moon

1973. Warner Bros.

Rock/Pop/Jazz-Rock/Psicodelia/Pop orquestal/Baroque Pop

Definitivamente la vida ha sido injusta con Sopwith Camel. En medio del bullicio creativo de la escena psicodélica de San Francisco, con grandes nombres como Jefferson Airplane o Grateful Dead a la cabeza, la banda liderada por el cantante y saxofonista Peter Kraemer (aunque también merece la pena mencionar a otro talento singular dentro del grupo como el guitarrista William “Truckaway” Sievers, firmante del luminoso LP Breakway, del que prometo hablarles otro día) suele ocupar un inmerecido papel testimonial. Su primer trabajo, una maravilla de orfebrería pop titulada escuetamente Sopwith Camel (1967), les brindó unos minutos de fama gracias a canciones como Hello, Hello o (en menor grado) Cellophane Woman. El buen recibimiento del álbum propició que fueran rápidamente fichados por una major discográfica como Warner Bros. Cuatro años después reaparecían con The Miraculous Hump Returns From The Moon, una nueva rodaja de sofisticado pop orquestal, en la que ampliaban sus horizontes creativos, luciendo más jazzísticos y vodevilescos que en la anterior ocasión, pero que desgraciadamente no interesó a casi nadie. Y a partir de ahí, el más triste de los olvidos… hasta hoy.

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Sopwith Camel en los buenos tiempos del San Francisco de la psicodelia

La maravillosa Fazon, con la que abren este segundo disco que hoy me propongo reivindicar, da la medida exacta de su talento: una joya de pop barroco con toques de jazz progresivo, cuyo glorioso estribillo uno se descubre tarareando mucho tiempo después de haberlo escuchado por primera vez. En Coke, Suede and Waterbeds se acercan al sonido Canterbury mezclado con ecos antillanos. Dancin’ Wizard es el (glorioso) momento slow country del disco, mientras que en Sleazy Street planean bases latinas que recuerdan a los mejores The Doors. Monkeys On The Moon es la excusa para disfrutar de un delicioso vodevil y en Astronaut Food se permiten remozar a su peculiar manera un rock con sabor a los cincuenta. No sé decirles por qué nadie parece recordar hoy a Sopwith Camel. Eran músicos brillantes y sofisticados, capaces de hibridar estilos al nivel de los mejores Soft Machine, quizá demasiado sutiles para una escena musical, la de San Francisco, en la que una buena parte del público solía estar viajando a otra dimensión.

Enric Ros

 

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