PAUL BLEY “HOMAGE TO CARLA”

carla 1Paul Bley

Homage to Carla

2001. Fecha de grabación: 1992. Decca – Universal.

Jazz / Free Jazz / Avant-Garde

Hacía tiempo que quería escribir sobre Paul Bley. Este pianista canadiense de jazz falleció a los ochenta y tres años, poco tiempo antes que David Bowie; pero a diferencia de éste, apenas tuvo recuerdo en el ámbito popular, más allá de las revistas especializadas y los (pocos) devotos de su figura. Sin embargo Bley fue un talento incontestable que dejó una profunda huella en muchos músicos, por varias razones. Sin ir más lejos, Keith Jarret –que, al menos por una vez, consiguió un auténtico hito, convertir en superventas un disco de improvisaciones pianísticas como The Köln concert (1975); realmente, eran otros tiempos…– dijo que sus maestros eran “Bill Evans, claro… y el más importante de todos: Paul Bley”. Como bien afirmaba Chema García Martínez en un bonito obituario publicado en El País, Bley fue “un músico de músicos”, partidario de reinventarse a sí mismo una y otra vez, desde sus orígenes como niño prodigio al que Oscar Peterson eligió como sustituto, hasta pope de las vanguardias, en compañía de otras figuras de relumbrón como Ornette Coleman.

paul bley

Paul Bley, el hombre que quiso ser el peor pianista del mundo y fue uno de los mejores

Además, Bley hizo otra cosa bien: casarse con dos mujeres extraordinarias con un talento fuera de lo común, que le brindaron algunas de las obras más importantes de su interminable repertorio: Carla Borgaka Carla Bley– y Annette Peacock. Les confieso que adoro a los dos, pero si tuviera que elegir solo a una me quedaría con Carla, cuya versatilidad le ha permitido coquetear con el pop y el jazz minimalista de ECM, además de atreverse a renovar el lenguaje de las big-bands. En esta grabación de 1992, Paul rinde homenaje a su ex esposa recuperando sus composiciones. Es un disco de piano solo, ingrávido y juguetón, que recuerda los aleteos de teclado de Jarrett o de Matthew Shipp, de sonido brillantísimo, orgánico y sutil, que pide atención y relajación para adentrase debidamente en su belleza. García Martínez recoge unas declaraciones del pianista que dicen mucho de él: “Empecé intentando ser el mejor, el más rápido, ahora trabajo para ser el peor pianista del mundo y debo decir que estoy cerca de conseguirlo”. Así que, háganme caso, y denle tiempo a este disco, que es de lo peor de Paul Bley. O puede que de lo mejor.

Enric Ros

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